Por Henci Goer


“Uno de los prejuicios que más influyen en la adquisición de evidencia es la elección de la pregunta,
y la mejor evidencia en respuesta a la pregunta incorrecta es inútil”.

 

Un estudio recientemente publicado ha puesto de manifiesto que la posición tumbada durante la fase expulsiva del parto resulta en más partos vaginales espontáneos en madres primerizas con epidural. Esto suena como información útil, pero miremos más de cerca.

Realizado en el Reino Unido, los investigadores del estudio asignaron al azar a 3093 madres primerizas con ≥ 37 semanas de gestación, con un bebé cabeza abajo y que habían alcanzado la dilatación completa con una dosis baja de epidural

  • Un grupo mantuvo una posición erguida (caminando, de pie, apoyada de rodillas, sentada, etc.)
  • El segundo grupo estuvo acostada de lado el mayor tiempo posible durante la segunda etapa del parto (el tiempo desde la dilatación completa hasta el nacimiento del bebé).

Las mujeres asignadas al grupo vertical eran libres de acostarse y viceversa, pero la mayoría pasaba la mayor parte del tiempo en el grupo al que estaban asignadas.

Aqui ya tenemos un problema: el título del estudio y todos los artículos que informan sobre él solo dicen “acostada”, lo que llevaría a la gente a pensar que se trata de la habitual posición tumbada boca arriba sobre la espalda (posición de litología en el potro). Acostarse sobre la espalda y acostarse de lado no son fisiológicamente equivalentes. Acostada sobre la espalda, el peso del útero y del bebé recae sobre los principales vasos sanguíneos que lo irrigan, lo que puede provocar sufrimiento fetal. También impide que el sacro se abra para ampliar el paso pélvico, lo que puede dificultar el paso del bebé.

Pero esta no fué la mayor trampa del estudio. Entre las mujeres asignadas a la posición acostada, el 41% parieron sin intervención mecánica en comparación con el 35% de las mujeres asignadas a posiciones erguidas. Dicho de otro modo, hubo 6 mujeres más por cada 100 que tuvieron partos espontáneos en el grupo de partos tumbada de lado. El cálculo estadístico mostró que era poco probable que esta diferencia se debiera a la casualidad, y los investigadores informaron debidamente que este era su principal hallazgo.

Sin embargo, si se da un paso atrás y observa mejor el panorama general, su ensayo demostró que entre las madres primerizas con epidural que alcanzaron la segunda etapa del parto, entre el 59% y el 65% tuvieron partos instrumentales o quirúrgicos, y eso sin contar que un porcentaje de mujeres fueron descartadas para el estudio ¡porque no llegaron a la segunda etapa!   Entre las mujeres que tuvieron un parto no espontáneo, 51% vs. 55% tuvieron un parto vaginal instrumental y 8% vs 10% tuvieron una cesárea, lo que significa que ellas y sus bebés estuvieron expuestos a los daños potenciales de esos procedimientos. Los investigadores informan de otros resultados elocuentes: Un 6-7% de las mujeres sufrieron desgarros del esfínter anal, y 3-4% requirieron transfusión de sangre.  Un 12-13% de los bebés requirieron resucitación al nacer, el 6-7% ingresaron en una UCI neonatal, el 22-23% no tuvieron contacto piel con piel en la primera hora después del nacimiento, y 48-49% no inició la lactancia en la primera hora.

Los investigadores deberían haber preguntado: “¿Qué hay de malo en este panorama?“. Ni siquiera pueden afirmar que no sabían que sus resultados eran preocupantes. Habían utilizado una tasa de natalidad espontánea del 55% informada en otro estudio para calcular cuántas mujeres necesitaban en su ensayo para tener una posibilidad razonable de detectar una diferencia entre los grupos (cálculo de potencia). En la fase piloto, se dieron cuenta de que su estudio solo lograba una tasa de nacimiento espontáneo del 34%. Una tasa de natalidad espontánea del 55% no es muy buena, en mi opinión, pero es mejor que un 34%. En lugar de actuar como una llamada de atención, los investigadores simplemente consideraron si necesitaban reclutar a más participantes y siguieron adelante, ignorando las implicaciones más amplias.  Los indicadores estaban completamente en su lugar, los investigadores se contentaron con presentar los resultados de un ensayo cuidadosamente diseñado y bien conducido que no permitía ver el bosque debido a los árboles.

La conclusión: las madres primerizas deberían considerar cuidadosamente si desean planear someterse a una epidural. De hecho, es posible que deseen considerar la posibilidad de buscar un proveedor de atención que ofrezca una atención óptima, es decir, el menor uso de intervención médica que produzca los mejores resultados, dado el caso individual de la mujer.

 

Henci Goer

Traducido de:

Epidural Pushing Position: Out of the Fire into the Frying Pan